Iván Cadín (NOSOTROS) – ¿Les suena familiar esta historia: días de caminata, deshidratación, desubicación, nerviosismo por la cercanía de la muerte, cadáveres en el desierto, acecho de helicópteros, la rudeza del desierto? Lo que leerá a continuación es la historia de Blanca, una inmigrante que llegó hace días a New Jersey. Nos contactó pues quedó marcada al ver en el desierto personas que como ella, buscan una mejor vida, y que mueren en el intento de cruzar la frontera, quedando sus cadáveres a la deriva. “Hay familias enteras que los esperan y los siguen esperando…”
DIA 1. LA PARTIDA Altar, Sonora cercano a EU. 31 inmigrantes en camionetas pickup se dirigen a la frontera. A medianoche, en pleno cerro y oscuridad total, las camionetas paran. Seis suburban último modelo las alcanzan. Alrededor de 20 personas fuertemente armadas con rifles de asalto bajan de ellas. Son narcotraficantes. Y vienen a cobrar. Previamente los “polleros” le habían advertido al grupo: cada uno debe pagarles dos mil pesos mexicanos (poco menos de 200 dólares) para poder pasar por su territorio. Blanca paga, pero los sujetos no se van de inmediato. “Polleros” y narcos conviven en plena oscuridad. La música sale de las camionetas y las cervezas brotan. Tres horas en las que los inmigrantes observan todo, callados, desde sus lugares en las pickup.